1942-1962. Jaramillismo

El jaramillismo, que toma su nombre por el líder Rubén Jaramillo, fue una de las más importantes movilizaciones campesinas del siglo XX; incluyó la defensa de ejidatarios y pequeños productores, movilizaciones electorales, lucha guerrillera y tomas de tierra. La lucha jaramillista empieza en 1942, a raíz de una huelga en el ingenio azucarero de Zacatepec donde obreros y campesinos se unieron para exigir respeto a sus derechos. Jaramillo, uno de los principales líderes de la huelga, fue perseguido por los pistoleros del gerente. Decidió, junto con decenas de campesinos, que era el momento de retomar las armas enterradas desde la Revolución. La lucha de Jaramillo duró casi dos décadas y media hasta que en 1962 Jaramillo y su familia fueron asesinados cruelmente durante el gobierno de López Mateos.

Fragmento de Tanalís Padilla

Rubén Jaramillo

Reseña sobre el libro de Tanalís Padilla: Rural Resistance in the Land of  Zapata: The Jaramillista Movement and the Myth of the Pax Priísta, 1940-1962.

Hace 45 años, el 23 de mayo, elementos del Ejército rodearon la casa de Rubén Jaramillo en Tlaquiltenango, Morelos. Secuestraron al líder agrario, a su mujer Epifania Zúñiga y a sus tres hijos Enrique, Filemón y Ricardo. Unas horas más tarde sus cuerpos fueron hallados en Xochicalco. Mientras que la represión en el campo no era nada nuevo, este operativo, llevado a cabo en pleno día, contra una familia entera, para acribillar a un líder campesino que tres años antes había sido amnistiado, causó un fuerte impacto. Tanto así, que la historia de su muerte ha sido más recordada que el movimiento que encabezó; una lucha que duró casi dos décadas y media y representa un vínculo esencial entra la lucha agraria de la Revolución y las movilizaciones campesinas que marcaron el siglo XX.

Su origen en la tierra de Zapata, su trayectoria que incluyó la defensa de ejidatarios y pequeños productores, movilizaciones electorales, lucha guerrillera y tomas de tierra, hacen del jaramillismo y de su líder un ejemplo de las diversas modalidades de resistencia campesina. Veterano zapatista, pastor metodista, partidario de Lázaro Cárdenas, dos veces candidato a gobernador de Morelos, miembro del Partido Comunista y guerrillero, la figura de Jaramillo es difícil de clasificar. Sin embargo, aparece una constante: la habilidad de Jaramillo para dar expresión a la dignidad campesina por medio de distintas corrientes ideológicas. Como tal, el líder agrario encarnó la diversidad de procesos sociales que vive el campo.

La lucha jaramillista empieza en 1942, a raíz de una huelga en el ingenio azucarero de Zacatepec donde obreros y campesino se unieron para exigir respeto a sus derechos. Jaramillo, uno de los principales líderes de la huelga, fue perseguido por los pistoleros del gerente. Decidió, junto con decenas de campesinos, que era el momento de retomar las armas enterradas desde la Revolución. Jaramillo da inicio así al primero de tres levantamientos armados, acciones que revelan la vigencia del legado zapatista.

Aunque recurrir a las armas fue una medida de autodefensa, los jaramillistas presentaron una visión programática. Enumerada en su Plan de Cerro Prieto, este documento contextualiza las injusticias locales dentro de un marco que condenaba tanto el capitalismo como el imperialismo. Este plan es el primer indicio de un proceso de radicalización que se daría a través de sus años de lucha; una radicalización que iba tomando forma cada vez que la represión se recrudecía. Este primer levantamiento terminó en 1945 cuando el presidente Manuel Avila Camacho concede una amnistía a Jaramillo. Los jaramillistas forman entonces el Partido Agrario Obrero Morelense (PAOM), que en 1946 postula a Jaramillo para gobernador de Morelos. En su campaña, los jaramillistas reclaman un retorno a las reformas cardenistas, sobre todo las que podrían hacer viable la vida campesina. El PAOM logra grandes movilizaciones, pero con el fraude y una buena dosis de represión, el partido oficial impone su candidato.

Para 1951 se abre nuevamente un espacio que permite a los jaramillistas participar en la lucha electoral. Esta vez, la movilización del PAOM coincide con una escisión dentro del PRI en la cual Miguel Henríquez Guzmán se lanza contra el candidato oficial Adolfo Ruiz Cortines. Para una buena parte de la población y especialmente en el campo, las elecciones de 1952 crearon la esperanza de rescatar las reformas sociales que desde 1940 el gobierno venía desmantelando. Jaramillo se lanza otra vez para gobernador y las movilizaciones del PAOM crecen. Crece también la represión y el PRI se impone nuevamente.

Cerradas las posibilidades de restablecer el cardenismo, los jaramillistas recurren una vez más a la tradición zapatista. Armados, y de nuevo en la clandestinidad, proclaman otra versión del Plan de Cerro Prieto donde exponen con mayor contundencia la traición que el PRI ha hecho de la Revolución. Cercadas las vías democráticas desde arriba, Jaramillo recurre a la democracia desde abajo. Durante los siete años que duraría esta clandestinidad, recorre el campo morelense, orientando a los campesinos que lo albergan y lo protegen. Insiste en que hagan valer sus derechos. “Hacer pueblo”, lo llamaría más tarde Lucio Cabañas.

Al llegar al poder en 1958, Adolfo López Mateos ofrece otra amnistía a Jaramillo quien decide aprovechar el retorno a la vía legal para ampliar su lucha. Al frente de 6 mil campesinos, presenta una solicitud para colonizar los llanos de Michapa y Guarín. Su proyecto combinaba demandas típicamente agrarias con planes de construir cooperativas para comercializar los productos que allí se cultivarán. Aunque los jaramillistas reciben inicialmente la aprobación, el Departamento Agrario pronto da marcha atrás, favoreciendo en su lugar un proyecto empresarial. Ya empezadas las obras de los jaramillistas, el Ejército los despoja, reproduciendo así una conocida dinámica: el gobierno insiste que los jaramillistas se apeguen al proceso legal mientras responde con el uso de fuerza ilegal.

Jaramillo considera volver a la clandestinidad, esta vez no sólo como medida de autodefensa, sino para asentar las bases de un levantamiento popular. Es en este momento, en 1962, que Jaramillo y su familia son asesinados, una temprana manifestación de la guerra sucia que en los años 70 atentaría contra aldeas enteras en Guerrero. Si bien su asesinato se convertiría en un símbolo de la suerte que corren los grupos que bajan la guardia y confían en la palabra del gobierno, Jaramillo deja también como legado una fértil tradición de lucha. Su figura continuó mostrándose tanto en los grupos clandestinos de los 70 como en las luchas campesinas de los 80 y acompañaría a diversas movilizaciones del EZLN. Siguen así apareciendo los muertos incómodos que el Estado nunca ha logrado eliminar y que continúan manifestándose con una diversidad de métodos y creatividad de acciones.

* Doctora en historia. Profesora de la Universidad de Dartmouth

1948. El inicio del Charrismo sindical

Manifestación en el zócalo contra la devaluación del peso  y la carestía

Tras la devaluación de 1948 los sindicatos ferrocarrilero, petrolero, minero metalúrgico, de telefonistas y la Coalición de Sindicatos Industriales llaman a un paro general en el Distrito Federal para contrarrestar la política del presidente Alemán. Los sindicatos proponen iniciar las movilizaciones con una manifestación de protesta, la cual  no se llevó a cabo.  Los líderes obreros, electos democráticamente, son perseguidos y encarcelados. El comité ejecutivo nacional del STFRM  es desconocido por el gobierno. Jesús Díaz de León, obrero ferrocarrilero, “El Charro”, traiciona a sus compañeros y acepta colaborar con el presidente. Respaldados por la fuerza pública, “los charros” (seguidores de “El Charro”), usurpan  la dirección del STFRM. La intención de la alianza es manifiesta: disolver al grupo ferrocarrilero de Acción Socialista Unificada, corriente político-sindical encabezada por Hernán Laborde y Valentín Campa, centro de oposición obrera a la política económica del gabinete alemanista.

Charro

Jesús Díaz de León (al centro) alias “el charro

1951. Caravana de hambre de los mineros de Nueva Rosita

El 20 de enero de 1951 los mineros de Nueva Rosita iniciaron una marcha denominada  la Caravana de Hambre. Sus peticiones incluían el restablecimiento de la legalidad dentro de la sección 14; respeto al contrato colectivo; reinstalación de mineros cesados; reapertura de la cooperativa de consumo y de la clínica; el levantamiento de las “disciplinas”; pago de salarios caídos y entrega del dinero retenido por las compañías.

CaravanaNuevaRositaEnIndiosVerdes

Al llegar a la Ciudad de México, los caravaneros encontraron las mismas injusticias. Después de permanecer en un parque deportivo acondicionado como campo de concentración, después de haber celebrado mítines en la ciudad, de ser golpeados por la policía y pasar  horas en la cárcel, después de serles negada la entrevista con el presidente, el juez primero de distrito contestó negativamente el amparo  y los caravaneros fueron obligados a regresar a su lugar de origen.

CaravanaHambre

1956-1958. Movimiento Revolucionario Magisterial

MovMagisterial

El Movimiento Revolucionario Magisterial tuvo como catalizador la demanda de mejores condiciones materiales de vida; sin embargo, al igual que en la mayoría de las luchas de los trabajadores, yacía un objetivo de mayor envergadura: la democracia sindical. Las dirigencias sindicales de los cincuenta del siglo XX, al igual que en otras décadas, mantuvieron como rasgo recurrente un funcionamiento vertical alejado de los intereses genuinos de sus agremiados y, en cambio, apegado a los del Estado mexicano posrevolucionario. El sector magisterial no escapó a esta condición.

La organización de los maestros, como en la mayoría de los sectores, se remonta a luchas de mayor tradición. El antecedente más notorio para el caso del Movimiento Revolucionario Magisterial, más no el único, lo constituyeron las manifestaciones y asambleas convocadas por el Comité Ejecutivo de la Sección IX durante el primer semestre del año 1956 para exigir a la Secretaría de Educación Pública (SEP) un aumento salarial del 30%. Sin embargo, en el marco de una práctica recurrente de la época, los sectores oficiales del sindicato y la SEP acordaron un aumento de apenas el 14%.

En respuesta, en julio del mismo año, el sector democrático conformó un nuevo comité y un nuevo pliego petitorio para exigir, entre otras demandas, un 40% de aumento salarial y un servicio médico digno. No obstante, la corriente oficialista del sindicato contrarrestó al movimiento: el secretario general, Enrique W. Sánchez, desconoció la comisión y el pliego petitorio. En esta coyuntura sale a la luz la demanda que aglutina a esta lucha y a las otras del sector de los trabajadores: la democracia sindical. Sin el logro de esta condición, el resto de las exigencias tendrían pocas probabilidades de alcanzarse.

Durante 1956 y 1957 los maestros no cesaron en su organización independiente para alcanzar mejorías en sus condiciones laborales y de vida. Como resultado, en septiembre de 1958, el Comité de Lucha pro Pliego Petitorio y Democratización de la Sección IX se convirtió en el Movimiento Revolucionario Magisterial. Éste, en el ambiente generalizado de protesta de estudiantes, ferrocarrileros, telegrafistas y petroleros, fue también protagonista de nutridas movilizaciones que cuestionaron al sistema corporativo del Estado y a la antidemocrática burocracia sindical.

En el clima nacional de protesta y en el ambiente internacional de la Guerra Fría, el Estado mexicano no permitió la democratización de los sindicatos. En el caso del Movimiento Revolucionario Magisterial, junto al insuficiente aumento salarial de 18%, sus manifestaciones fueron reprimidas, sus dirigentes encarcelados acusados de disolución social y muchos de sus integrantes maestros cesados de sus puestos de trabajo. A pesar de ello, la vocación democrática del Movimiento Revolucionario Magisterial continuó presente en las luchas democráticas del sector magisterial.

MovMagisterialII

1958-1959. El movimiento ferrocarrilero

Ferrocarrileros1958

La lucha de los trabajadores del riel conocida como ‘el movimiento ferrocarrilero de 1958′ traspasa las delimitaciones temporales de este año crucial: se posiciona en una herencia de organización de décadas en el seno de este gremio. En su historia se encuentran no pocos intentos para dignificar la vida de este sector obrero y, en especial, para democratizar su vida sindical: así lo ejemplifican las movilizaciones de 1948 o el llamado ‘tortuguismo’ de inicios de la década de los cincuenta.
El objetivo inicial, durante los primeros meses de 1958, fue la mejora en las condiciones de vida de los ferrocarrileros; la punta de las peticiones fue el aumento salarial. Para ello, se constituyó la Gran Comisión Pro Aumento de Salarios que, bajo el Plan del Sureste, advirtió la realización de paros escalonados si la administración de las empresas ferrocarrileras no cumplían con sus demandas.  Ante la negativa, el primer paro escalonado de dos horas inició el 26 de junio de ese año. Dadas las presiones gremiales de otros sectores, las afectaciones económicas y la persistencia de los trabajadores, la administración cedió a un aumento salarial. Los ferrocarrileros se prepararon para otra conquista de mayor envergadura: la democracia sindical.
Durante la resistencia, Demetrio Vallejo se posicionó como un líder nacional que amplió sus expectativas de lucha para el gremio: inició movilizaciones para la realización de elecciones democráticas dentro del sindicato. Las autoridades laborales tuvieron que aceptar: Demetrio Vallejo ganó por una aplastante mayoría en agosto del mismo año.
El 25 de febrero de 1959 estalló la huelga en los Ferrocarriles Nacionales por la revisión contractual y se logró un acuerdo de aumento salarial. Sin embargo, la huelga en el Ferrocarril del Pacífico y en el Ferrocarril Mexicano de marzo de 1959 demandando un aumento similar fue declarada inexistente, así como un paro de solidaridad de media hora en los Ferrocarriles Nacionales. La declaración de “inexistente” justificó la represión contra los ferrocarrileros, el despido masivo y el encarcelamiento de los principales líderes. Demetrio Vallejo estuvo encarcelado hasta 1970, cuando fue liberado a consecuencia de las movilizaciones estudiantiles de 1968. Su figura y su lucha han sido emblemáticas para todas las organizaciones de trabajadores que han pugnado por su dignidad y una vida democrática.

Vallejo

 

1969-1973. El movimiento de los electricistas democráticos

TendenciaDemocrática1975Guadalajara

El movimiento de los electricistas democráticos ha sido uno de los más destacados en la historia del sindicalismo mexicano, y sin duda el de mayores dimensiones y perspectivas en los últimos años. Las movilizaciones, las expresiones solidarias, las múltiples reacciones que desató entre las burocracias política y sindical, el papel que jugó como eje de la insurgencia obrera reciente, señalan su importancia. Por eso, resulta necesaria una revisión de su historia, de las opciones tácticas y las concepciones generales que ha tenido, así como del papel que ha desempeñado dentro del conjunto del movimiento obrero nacional. Ningún movimiento sindical reciente ha tenido características tan ricas y variadas como el de la Tendencia Democrática. Aspectos como la resistencia en las secciones de provincia, la participación de los trabajadores con sus familias, la función de las mujeres en esta lucha, las experiencias personales que tienen dimensiones colectivas, los actos heroicos y conscientes de muchos de estos mexicanos que han hipotecado su destino particular a una lucha social, forman parte de los momentos más luminosos en la historia del proletariado mexicano.

Fragmento de Raúl Trejo Delarbre (Documento completo)

TendenciaDemocrática1975Guadalajara

1959-1972. La guerrilla de Genaro Vázquez

La guerrilla que lideró Genaro Vázquez en Guerrero intentó hacer frente a las violaciones cometidas por caciques locales y autoridades estatales —bajo el silencio cómplice del gobierno federal— contra la sociedad guerrerense, en especial contra el sector campesino. Mientras el puerto de Acapulco figuraba como un paraíso para turistas nacionales e internacionales, en los alrededores, los campesinos padecían pobreza, analfabetismo, usura, saqueo, desapariciones y asesinatos.

El antecedente directo de esta guerrilla, más no el único, fue la creación en 1959 de la Asociación Cívica Guerrerense (ACG). Esta organización, integrada también por copreros, cafeticultores, ajonjolineros y trabajadores de la palma, formó comités cívicos municipales para contrarrestar el estado de miseria, violencia y devastación ambiental. Uno de sus objetivos fue la destitución del entonces gobernador Raúl Caballero Aburto —sobre quien pesaban denuncias de tortura y asesinato de campesinos, creación de cementerios clandestinos y enriquecimiento ilícito. En medio del clima de agitación, la toma militar de la Universidad de Guerrero y una masacre en diciembre de 1960, el Congreso de la Unión declaró desaparecidos los poderes en Guerrero: Aburto cayó frente a las movilizaciones.

La salida de Aburto Caballero, la llegada de un gobernador provisional y la “elección” de uno nuevo en 1962 no implicaron una ruptura con el estado de represión, arbitrariedad y violencia hacia la sociedad guerrerense: en 1962, entre las protestas por las irregularidades durante las elecciones, campesinos fueron masacrados en Iguala; en 1966, Genaro Vázquez fue secuestrado y encarcelado; en mayo de 1967 agentes judiciales perpetraron una matanza en Atoyac en una manifestación de profesores y padres de familia.

En este contexto, durante su estancia en la cárcel, Genaro Vázquez reestructuró a la ACG hacia la lucha armada y, tras ser liberado en 1968 por un comando armado, constituyó la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria (ACNR). Esta fuerza guerrillera tenía por objetivos la formación de un gobierno de coalición popular de obreros, estudiantes, intelectuales progresistas y campesinos; el derrumbe de la oligarquía capitalista; la independencia política y económica del país y una administración social para subsanar las desigualdades en la población.

Con estos objetivos, fueron proyectadas actividades concretas: el reclutamiento —a través de los comités de lucha clandestinos— y las acciones militares —por medio de los comités armados de liberación. Entre las tareas específicas de la ACNR se encontraba el secuestro de personajes con poder político y económico a cambio de sumas importantes de dinero, la liberación de miembros de la ACNR o la puesta en libertad de guerrerenses detenidos y torturados bajo la falsa acusación de pertenecer a esta organización.

Tras la transformación de la ACNR, la población guerrerense sufrió aún más el ataque constante e intenso de militares contraguerrilleros, las incursiones violentas de guardias blancas, los retenes militares en todos los caminos, la vigilancia área con helicópteros, y la desaparición, tortura, encarcelamiento y asesinato de todo aquel del que se tuviera la más mínima sospecha de disidencia.

El 2 de febrero de 1972 Genaro Vázquez sufrió un accidente en la carretera México-Michoacán —estado en el que se había escondido tras el secuestro del rector de la Universidad de Guerrero. Su muerte ha estado rodeada de controversia: algunos de sus compañeros aseguraron que él sí sobrevivió al accidente e infieren que fue asesinado. Tras su deceso, la ACNR fue desmantelada a través de la detención y desaparición de muchos de sus integrantes. Sin embargo, desde la clandestinidad, continuó en Guerrero otra lucha contra la represión del Estado: la del Partido de los Pobres, encabezada por Lucio Cabañas.

Para saber más:

Manifiesto de la Asociación Cívica Guerrerense

Guerra en el paraíso/Carlos Montemayor (Fragmento)

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